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Riads y kasbahs con encanto y, en el desierto, jaimas bereberes cómodas con un ambiente auténtico.
Opciones y suplemento10 días de Tánger a Marrakech, con Akchour, Fez, el Sáhara y el Alto Atlas
Diez días para ver lo mejor de Marruecos empezando por la puerta de Europa: Tánger, las cascadas de Akchour, Chefchaouen, Fez, el desierto con dos noches, los cañones, la ruta de las kasbahs y el Alto Atlas.
Los días alternan viaje y visitas, y la última noche la pasas en Marrakech, en la plaza más viva del país.
Recibimiento y visita de la ciudad: la kasbah, el Café Hafa sobre los acantilados, el cabo Espartel, donde se encuentran el Mediterráneo y el Atlántico, y las cuevas de Hércules. Noche en Tánger.
Dejamos Tánger hacia el este y en una hora estamos en Tetuán, la «paloma blanca»: su medina andalusí es Patrimonio de la Humanidad, con los barrios de artesanos todavía divididos por oficios. Después de comer la carretera sube entre las montañas verdes del Rif, entre olivares y pueblos con tejados de teja. Llegamos a Chefchaouen por la tarde, justo a tiempo para un primer paseo entre las casas azules y el atardecer desde la mezquita española.
Por la mañana, excursión a las cascadas de Akchour: un sendero junto al río entre piscinas naturales hasta el Puente de Dios, un arco de roca sobre el cañón. Tarde de descanso en Chefchaouen.
Mañana en Chefchaouen y salida hacia el sur. Volubilis nos recibe con sus columnas entre olivos y los mosaicos todavía en su sitio; a pocos minutos está Moulay Idriss, la ciudad santa. Por la tarde, Mequinez: la puerta Bab Mansour, la plaza el-Hedim y las enormes caballerizas del sultán Moulay Ismail. Llegada a Fez por la noche.
Nos encontramos con el guía oficial frente a Bab Boujloud, la puerta azul y verde que marca la entrada a Fez el-Bali. Desde aquí la medina es un laberinto de más de nueve mil callejuelas donde las mercancías aún viajan a lomos de mula. Visitamos la medersa Bou Inania, con sus maderas de cedro talladas, la fuente Nejjarine y el barrio de los caldereros, donde se oye golpear el metal. Desde las terrazas de una tienda de cuero miramos la curtiduría Chouara, con sus tinas de colores como una paleta: te darán una ramita de menta por el olor.
Comida con pastela de pichón o de pollo y, por la tarde, el barrio judío del Mellah y las puertas doradas del palacio real.
Se sale temprano para cruzar tres paisajes en un solo día. Primero los bosques del Atlas Medio, con Ifrane y los cedros centenarios de Azrou donde se encuentran los macacos; luego la meseta desnuda de Midelt, con el Jebel Ayachi nevado hasta la primavera. Después de comer la carretera baja a las gargantas del Ziz y recorre el palmeral hasta Erfoud. Últimos kilómetros y, de repente, las dunas naranjas en el horizonte. Noche al pie de las dunas.
El desierto se vive mejor con un día entero. Se empieza con el amanecer y luego la vuelta en 4x4: las dunas más altas del Erg Chebbi, un pozo al que llegan los pastores con sus animales y una familia nómada que prepara el pan en el fuego. En Khamlia, la música gnawa; en Rissani, el zoco y el ksar. La tarde es libre: hay quien prueba el sandboard y quien disfruta de la piscina. Al atardecer se sale en camello hacia el campamento, donde te esperan la cena y la música alrededor del fuego.
Madrugón para ver el sol salir detrás de las dunas: es el momento más silencioso del desierto. Después del desayuno volvemos en camello o en 4x4 y tomamos la carretera hacia el oeste. En Tinejdad paramos frente a las khettaras, galerías subterráneas excavadas a mano para llevar el agua a los oasis. Luego Tinghir, con su palmeral de kilómetros, y las gargantas del Todra: se camina por el fondo del cañón entre paredes de casi 300 metros, con el arroyo al lado. Por la tarde subimos al valle del Dadès, donde la carretera hace curvas espectaculares entre rocas que parecen dedos.
Bajamos del valle del Dadès y cruzamos Kelaat M'Gouna, la ciudad de las rosas: en las cooperativas se destila el agua de rosas que se usa en la cocina y en la cosmética, y en mayo se celebra la fiesta de la cosecha. Luego Skoura, un palmeral con decenas de kasbahs, entre ellas la kasbah Amridil, que aparecía en los antiguos billetes de 50 dírhams. Después de Ouarzazate llegamos a Aït Ben Haddou: subimos a pie entre las casas de adobe hasta el granero de lo alto, desde donde se ve todo el valle del Ounila.
Noche en una kasbah en Aït Ben Haddou.
Antes de salir, un paseo por el ksar con la luz de la mañana. Después el Alto Atlas: el puerto del Tizi n'Tichka a 2.260 metros, los pueblos de adobe y las mujeres que cargan haces de hierba a la espalda. Paramos en una cooperativa de argán y en un café con vistas al valle. Llegada a Marrakech a media mañana o a primera hora de la tarde. Última noche en Jemaa el-Fna.
Riads y kasbahs con encanto y, en el desierto, jaimas bereberes cómodas con un ambiente auténtico.
Opciones y suplemento
Alojamientos seleccionados con más comodidad y, en el desierto, jaimas con baño privado.
Opciones y suplemento
Campamento de lujo con cama de matrimonio, baño privado y cena servida bajo las estrellas.
Opciones y suplementoTe recogemos en tu alojamiento a la hora acordada.
Tu equipaje viaja contigo en el vehículo durante todo el recorrido.
Si prefieres no montar en camello, puedes llegar al campamento en 4x4.
Documentación, salud y seguridad: consulta la información actualizada en las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Puedes añadir quad, buggy o sandboard. Ver las actividades.
¿Has hecho este tour con nosotros? Cuenta tu experiencia: ayudarás a otros viajeros a elegir.
Hasta la primera cascada es fácil (unos 45 minutos). Hasta el Puente de Dios hace falta un poco más de piernas: unas 3 horas entre ida y vuelta.
Sí, añadiendo un día de Marrakech a Casablanca.
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